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Sergio Panigo
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Nos mean y dicen que llueve

Julián Mauro Saud - http://hamartia.com.ar/2017/06/24/nos-mean-y-dice-que-llueve/

“Si no volviéramos a vernos, ¡ah, ciudadanos!, desconfiad del amarillo. Amarillo es el oro, y el oro es la cloaca donde confluyen todas las ambiciones innobles. Amarilla es la cólera de los cobardes, que chapotea en un océano de bilis. Y finalmente, amarilla es la envidia, que es la peor de las pasiones, porque es el crimen de los mediocres. ¡Huid del amarillo!”

Fragmento de “Amarillo”, obra teatral escrita en 1959 por Carlos Somigliana

Por primera vez en la historia de argentina se allana la Casa Rosada y no vuela ni una ­­­mosca. María Eugenia Vidal pone a su Ministro de Justicia, Carlos Mahiques, como juez del máximo tribunal penal de la Nación y a ningún periodista se le cayó una sola pregunta. Lo mismo pasó con el aumento de tarifas. Miles de comercios se cerraron y ningún periódico importante se hizo eco. Las PyMEs, que son las que más trabajo generan en nuestro país, o tuvieron que echar gente o no aguantaron y bajaron la persiana…, pero esto no prendió ninguna alarma. Hoy en muchos hogares humildes la estufa no se prende por no poder pagar la boleta. Tampoco es noticia.

Aunque el discurso del gobierno tenga un límite real, dado por su propio proyecto económico, en lo concreto la cobertura mediática les permite transitar los nuevos episodios del ajuste con una sorprendente tranquilidad. La mecánica es simple: cada nuevo error de carga hace olvidar al anterior. Y los intereses de conflicto, como gustan llamar ahora a los casos de corrupción, se suceden unos sobre otros sin solución de continuidad.

Es que en política no alcanza con tener razón. No alcanza ni siquiera con demostrar que ellos son malos. Estamos ante una maquinaria diseñada y planificada para ocultar, ocultarse y desde luego ocultarnos. Nos dominan con un conjunto de dispositivos comunicacionales que manejan a su antojo el sentido por el cual nos vinculamos. Ese famoso sentido común donde se cuela la ideología de la anti política y el no compromiso. El proyecto popular debe pensar y repensarse para poder enfrentar estos mecanismos por los cuales se oculta información con nueva información.

El futuro llegó hace rato

Esto ya pasó. En el ‘55 el slogan de la derecha golpista era “La Libertadora”. Fíjense como esa palabra era el concepto que permitía pensar, sin intermediarios, cuál era su propósito: acabar con la “tiranía peronista”. Más allá del orden de las fechas, el bombardeo a la plaza, los fusilamientos y la posterior proscripción fueron una práctica dirigida a exterminar a un sujeto político. El nombre de Perón estaba prohibido y la posibilidad de que volviera al país era remota. Fue la campaña “Luche y vuelve” la que motorizó un sinfín de acciones que modificaron para siempre el escenario político argentino.

Más allá de las comparaciones, que siempre son odiosas, el accionar por parte de los hombres ricos de la Argentina es la misma. Segregan a un determinado elemento o sector político para estigmatizarlo. Lo individualizan, le quitan su sentido histórico hasta vaciarlo políticamente. Entonces la operación está casi resuelta. Descargan su desproporcionado poder sobre la víctima elegida y no paran hasta producir un quiebre o su desaparición. Lo hicieron con la letra K y también con Milagro Sala, hoy injustamente detenida. El caso de Santa Cruz es otro ejemplo de este procedimiento. La estrangulación económica y financiera a la provincia les permite exhibirla como el desastre K. En el plano internacional, el caso de Venezuela es perfecto para entender este mecanismo. “Argentina iba derecho a ser Venezuela”, anuncian repetidas veces en sus titulares. Cualquiera que se anime a desafiarlos será objeto de su escarnio mediático y judicial.

Las palabras no son a las cosas

El neologismo post-verdad utilizado insistentemente por Cristina expone sin ningún lugar a dudas el mecanismo que venimos detallando en esta editorial. El gobierno reprime salvajemente y sin tapujos, lo niegan deliberadamente. O produce un incremento del desempleo y al mismo tiempo sostiene que las estadísticas hablan de crecimiento. El ejemplo más gráfico se da con la tan mentada lluvia de inversiones y el segundo semestre.

Mucho antes de asumir construyeron las ideas que le permitirían gobernar durante este año y medio. ¿Alguno puede suponer que no fueron pensadas milimétricamente? El cepo cambiario fue la excusa para arreglar con los buitres, la pesada herencia la razón para dinamitar el Estado, la equiparación del kirchnerismo con la corrupción les sirvió para instalar el descreimiento de la política. Ante esta situación, las organizaciones políticas, sociales y culturales no supimos dar en el clavo de la batalla cultural. Cuando nos hablaban de corrupción no pudimos hablar de entramado empresarial, cuando chicaneaban con la inflación no pudimos hablar de puja distributiva, o cuando instalaron el tema de las tarifas atrasadas no pudimos transmitir que era salario indirecto.

El desafío está a la orden del día. No basta con que se gane una elección, sino qué argumentos se imponen en las urnas con esa victoria. Se necesitan organizaciones fuertes y espacios participativos pero también tener en claro cuál es el mensaje, cuál es el sentido de nuestro discurso. Para radicalizar la democracia es necesario construir nuestras propias palabras, nuestras propias ideas que nos permitan desarrollar reformas profundas. Para esto es necesario despertar las conciencias con argumentos superadores. Para que una necesidad se convierta en un derecho, como diría Evita, es primordial que se visibilice esa necesidad. Para que se produzcan profundas transformaciones es vital que las grandes mayorías vean esa necesidad como un valor al mismo tiempo que ese discurso es construido por acciones concretas de un proyecto inclusivo.

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